Maratón de Barcelona 2011: La Maratón de la Felicidad

Quien piense que una maratón es una carrera y nada más, no anda muy encaminado con la realidad. Más bien es como un enorme viaje hacia el interior de uno mismo con muchas y variadas estaciones y paradas, en las que de cada una recoges una emotiva experiencia que ya se queda a vivir contigo siempre. Y además, con la particularidad de que todo lo que recoges es a altas dosis: alegrías, satisfacción, orgullo, miedo, gratitud, dolor, desesperación, más dolor, más alegría, solidaridad... y mucho más. La Maratón es como una mini-vida con latido propio que engloba todo eso dentro de dos extremos que se tocan: la agonía más profunda fruto de llevar el cuerpo hasta sus limites físicos y psicológicos, y después la alegría más descomunal de ver como tras pasear por esos infiernos, somos capaces de vencer, superar el dolor y tocar el cielo. Por eso lo más frecuente tras cruzar la meta es llorar de alegría. Yo lo hice el Domingo pasado en Barcelona. Y lo más bonito es que cuando llegas, sin dudar ni un segundo, te abrazas espontáneamente al primero que encuentras y este gesto tiene la misma respuesta limpia por la otra parte. Te felicitas mutuamente, te fundes en abrazos desde el alma con desconocidos a los que miras con admiración y ellos a ti también. Bajo esos ojos hundidos por la deshidratación late más vida ahora que cuando 4 horas antes estábamos calentando. Definitivamente, la maratón te cambia. Te hace más fuerte, más sabio y más humano.
Ya ha pasado una semana desde aquello y no puedo evitar emocionarme al ver los videos en la red de gente que no conozco llegando a meta. Esas caras son la viva expresión de una felicidad única. Es la cara de un vencedor... Por eso cuando alguien que no entiende de estos temas me pregunta que si he ganado, yo siempre respondo: "claro que si...Todos ganan"... Sólo hay que pasear por las miles de fotos de llegada a meta y comprobar como hubo casi 13.000 vencedores en Barcelona. La sucesión de gestos de euforia, los brazos en alto a lo campeón, las lágrimas en los ojos, las dedicatorias a familiares y seres queridos, los abrazos... ¡Cuanta emotividad justificada!

Arriba , entrando a meta mi cara es un poema a la felicidad. Abajo la comida premaratón "rica en hidratos" a base de huevos fritos y patatas con butifarra del país, pizza y macarrones...uhmmm. Más abajo dos grandes personas y corredores: Txunda y Josero.


Este 6 de Marzo yo fui uno de esos afortunados y extendí mis brazos también. Hice el gesto del corazoncito para dedicar la carrera a Montse y los peques y, además, me sobró tiempo para hacer un corte de manga lleno de furia liberada. Me preguntaba Montse que a quién le dediqué esa lindeza si en el video estaba sonriendo; y la verdad es que fue un poco difícil explicarle la benignidad de un gesto que marca un antes y un después en mi vida atlética; Era una manera de decirle a la maratón: "Amiga, ahora si... ahora te he ganado yo la partida y no has podido dominarme como en las otras". Y es que Barcelona 2011 ha supuesto un salto cualitativo en la manera de vivir los 42 kms. Los que me conocéis, sabéis que yo siempre digo que con casi 40 medias maratones en las piernas y los 3 últimos años muy buenos y fructíferos me considero más "medio-maratoniano" que "maratoniano". Así que para enfrentarme a Barcelona mi espinita era no saber aún a estas alturas (con 4 maratones a la espalda) por donde "meter mano" a los 42kms. No daba con la tecla en los entrenos; No daba con la tecla en la manera de competir... y por supuesto, hasta la fecha, la carrera siempre me había desbordado. Me decían que ya era maratoniano porque llevaba cuatro completas o que había corrido el calvario de Madrid en 3h 11, pero la sensación interna a pesar de unos resultados más que decentes era que aún no me merecía el titulo del todo. Y es que el sentimiento en todas ellas era que la Maratón me desbordaba, me dominaba a mi y no al revés.... era un enorme monstruo y yo un pelele en sus brazos con la sensación de una lucha demasiado desigual. Y aunque finalmente lograba cruzar la meta enormemente feliz y satisfecho la vivencia meses después era que algo me faltaba.... Hasta el otro día en Barcelona.

Arriba , la impresionante estampa de la salida. Barcelona ya es el maratón más grande de España. Abajo emocionado en el km 11 al comprobar la enorme participación del público y su gran implicación con la prueba.

Ahora todo ha cambiado radicalmente porque esta ha sido la maratón de la confirmación de un método de entrenamiento; la del control sobre ella y no al revés; la de la felicidad de sentirse fuerte y vencedor de cada una de las fases que aparecen en la carrera; Ha sido la vez que yo golpeé al temido Muro cuando apareció y no él a mi; la maratón de la capacidad de adaptarse rápidamente a todos los cambios inesperados de guión que suceden en esta distancia (dolores, cansancio extremo, calambres, etc). La maratón de guiñarle el ojo y sonreírle al fotógrafo del km 35 como diciendo "todo va bien... todo bajo control"... la maratón de ir chocando todas las manos de los niñ@s que así lo pedían desde el km 1 al 41.... En fin, en resumen, un absoluto control sobre todas las contingencias que aparecieron y una capacidad de disfrutar inmensa y equivalente a la capacidad de sufrir, hicieron de este día un gran día en mi historia como atleta popular. Si a todo esto le sumamos lo maravillosa que es la ciudad y la manera tan genial que tiene el público de volcarse en la calle con los corredores, pues tienes una carrera de ensueño.

Arriba: No me cansé de repetir este bonito gesto que tanto gusta a los niños desde el inicio hasta el final. Abajo botella en mano... en cada avituallamiento bebía casi el medio litro de isotónico y media botella de agua. Había que preparar el cuerpo para la humedad y el calor de la segunda mitad de la prueba.


Y toda esta nube de felicidad puede pensar alguien que es un poco tonta viendo la marca, que aunque se supone que es buena (3h 09), tampoco es espectacular. Pero ya sabéis lo que pienso: con cada año me reafirmo cada vez más en la idea de que en maratón la marca es una anécdota más y que no representa diferencia alguna entre los corredores ni mucho menos es lo importante. Todos corren los 42 kms y terminarlos es una proeza sea en el tiempo que sea. Y si no, echad un vistazo a la lista de gente que no logró terminarla y comprobad la cantidad de abandonos que hay justo en el km 40... La cruda dureza de esta prueba se comprueba ahí. ¿cómo alguien que ha corrido durante 40 kms no llega aunque sea andando hasta meta? Me quedé helado y lleno de pena cuando leí la lista de abandonos. Acabar una maratón es una gran hazaña.

Arriba: Con Colón detrás y 40 kms en las piernas avanzo concentrado y con confianza hacia el final. Abajo en esos 200 metros finales en los que uno toca la gloria.¡que gran ambiente!

Y volviendo al cambio que he vivido: decía antes que no es tanto cuantitativo sino cualitativo porque va más allá del dichoso numerito que aún hay gente que se cree equivocadamente que es la medida del verdadero éxito en este mundillo del atletismo popular... Y es que alguno al volver a Almería y comprobar que no he traspasado la mítica barrera de las 3 horas ha meneado la cabeza. Y eso a pesar de que avisé que esa no era mi guerra y que no lo pretendía en este año de la lesión que además ha sido el más "flojo"; Pero bueno, estos necios no entienden que lo que me he encontrado, aparte de la increible vivencia, ha sido una apertura de ojos en todos los sentidos: Por fin he aprendido a entrenar maratón y por tanto a saber exactamente cual es el ritmo de carrera que a fin de cuentas es la pregunta del millón siempre que uno se enfrenta a los 42 kms. Además, ahora me siento maratoniano en mayúsculas y me siento capaz y con ganas de enfrentarme al reto de bajar las 3h. Pero no por la marca como medida de comparación con nadie, ni para sentirme por encima de nadie, sino como medida de comparación conmigo mismo, como reto personal, como medida de superación.
Arriba: Entrando a meta lleno de calambres pero feliz. Abajo: Cuando me colgaron la medalla lo primero que hice fue besarla
Y ahora mientras escribo este post, miro la medalla que tengo encima de la mesa y se me agolpan los recuerdos y las anécdotas: Los nervios de la noche antes me hicieron poner y quitar el dorsal de la camiseta 6 o 7 veces hasta encontrar el sitio ideal en el pecho para no rozarme; Después el agobio estuvo en elegir entre 6 pares de calcetines...¡¡ufff! ¡que dilema! Me los probé todos y varias veces... Ja ja ja. Por supuesto, dormí 3 horas escasas, eso ya es un clásico; En carrera bebí 4 litros y medio por la humedad; Me dediqué a chocar las manos de todos los niños que me la ofrecían demostrandome a mi mismo esa fortaleza que os describo ya que cuando vas mal, ahorras esa energía gestual; Tuve que correr por los peraltes de la calzada alternando izquierda y derecha cada 2 o 3 kms porque la pierna izquierda no la llevaba bien y así no cargar siempre lo mismo; y muchas más, pero si me tengo que quedar con algo es con dos cosas: Primero, con la sensación que os hablaba antes de control... Parece una contradicción decir que sufrí lo mismo que otras veces, o sea muchísimo, pero que a la vez se me hizo corta y superdivertida. Parece una contradicción decir que me golpeó el muro de lleno pero que en ningún momento me sentí desbordado ni superado por él. Mi vivencia fue intensa, divertida y feliz a pesar del sufrimiento... ¡¡que mezcla más antagónica y curiosa!! supongo que como la cocina que mezcla lo dulce con salado (pate con mermelada)... La realidad es que iba animando a mis compañeros, empapándome de la carrera, mirando aquí y allá, agradeciendo al público los aplausos, maravillado por todo, acercándole agua a los que perdían el avituallamiento...
la foto de arriba capta el momento en el que aproximo mis manos para hacer el corazón y dedicar la carrera a Montse, Robertito y Lucia
Y la segunda cosa importante que me llevo en mi corazoncito es el recuerdo de las decenas de veces que oí mi nombre entre los gritos de ánimo del público. Le comentaba a un compañero que si sumara todas las veces que he oído mi nombre en todas las carreras durante toda mi vida, no llegaría a igualar el de una sola carrera: la maratón de Barcelona. Es increíble y espectacular como se vuelca el público numerosísimo en las calles con cada corredor. Oír gritos de ánimo personalizados tipo: "¡Que buen ritmo Roberto!... ¡Venga Roberto!" y frases por el estilo que van dirigidas exclusivamente a ti, te da un subidón indescriptible durante toda la carrera. Sinceramente creo que los corredores le debemos parte del éxito a toda esta gente que nos hicieron sentir mejor que en casa, que nos arroparon y que incluso nos arrancaron una lagrimilla en plena carrera. Se me viene la imagen de una niña apuntalada durante horas en un sitio crítico antes del Muro con una pancarta que decía: "El dolor es pasajero, la gloria es para siempre...¡Animo valientes!"... Esa frase me emocionó y me martilleo hasta cruzar la meta a modo de salvavidas en el inmenso océano de los 42 kms. Y cuando en el km 40, más fuerte que un toro, en un crono de 2h 58 y con ganas de apretar, me dijo la pierna izquierda que ahí estaban los calambres masivos pues me agarré aún más a ese mensaje espartano. Así que corriendo como malamente podía me cayeron 3 minutos en 2 kms pero la cara de satisfacción al pasar el cartel del 42 no me la quitó nadie y lo que disfruté esos escasos 200 metros finales no puedo ni describirlo. Saboreé cada paso que dí con una sensación de plenitud tremenda como se puede apreciar en las fotos.

En la foto de arriba teneis un hombre pletórico. Abajo mis dos pomponeras de lujo : Sonia jarra en mano y Jessi con un tio tremendamente feliz. Un besazo inmenso para las dos :)


En fin, hasta aquí este post. Con toda seguridad el año que viene repetiré en esta tierra... La butifarra tira mucho... ja ja ja Pero antes de despedirme no quiero perder la oportunidad de felicitar a mi compañero Cristobal que logró superar una situación de las más adversas que te pueden suceder en carrera y además hacer mejor marca personal. Quiero darle las gracias por embarcarme en esta aventura y por haberme acompañado en esos entrenos tan duros que hemos vivido en esta locura contrareloj que ha sido preparar una maraton en tan sólo 7 semanas. Al final todo ha salido mucho mejor que bien.
Un abrazo a tod@s


Franfri dijo
Roberto, yo me tengo por una persona sensible y de lágrima fácil, pero nadie hace que me aflore ese sentimiento al leer un post mejor que tú. Eres un máquina, y no me refiero sólo a un máquina como corredor, sino también como persona. Eres capaz de transmitir esos sentimientos de maratoniano mejor que nadie. Yo aún no me considero maratoniano, a pesar de haber tenido prácticamente todas las sensaciones que tú describes. Me falta, precisamente, lo que cuentas que te faltaba a ti antes del 6 de marzo en Barcelona, pero con posts como éste me entran ganas de inscribirme al primer maratón que haya por ahí,jejejejeje.
Enhorabuena, y no por la marca, sino por demostrar que eres un espartano en mayúsculas.
Un abrazo enorme, y mil gracias
17 Marzo 2011 | 07:53 AM