Media Maratón Ciudad de Lorca 2010: Haciendo los deberes tras un inesperado cambio del destino

El Domingo anterior a este corrí en la ciudad del embutido que me vio crecer: La archifamosa y suculenta "Imperial de Lorca"; un sabroso manjar que nunca entendí porqué llamaban "longaniza" en lugar de salchichón. En aquellos años de niño gordito capaz de devorar esas enormes tripas cortadas en tacos por mi abuela, nunca hubiera imaginado este futuro-presente en el que mi relación con esta ciudad murciana fuera deportiva.
Correr en Lorca siempre es especial para mi por un motivo fundamental: Fue la primera vez que empecé a creer en toda esta filosofía de la que siempre hablo de que "Los limites están siempre mucho más allá de lo que pensamos de antemano". O lo que es lo mismo, la misma filosofía del famoso eslogan de Nike: Impossible is noting. Y es que hace años en Lorca di un sorprendente salto en las marcas que 1 año después volví a escenificar dando otro giro de tuerca más. Aquellas dos carreras me hicieron soñar y rememorar mis viejas fantasías de niño de los 70 que devoraba las olimpiadas y los campeonatos de atletismo pegados a la única cadena de televisión que existía. Como os he contado otras veces mi hermano Adolfo es el gran culpable de esta pasión por el deporte o al menos podemos decir que fue el que puso los primeros granitos de arena o primeras semillas de esta pasión.

Así que con esta feliz historia previa, con un clima frío genial para mi y un circuito ideal, no es de extrañar que esté enamorado de esta prueba. Tanto que cuando 3 días antes estaba con 38ºc de fiebre en cama lo que más me dolía no era la garganta inflamada con sus plaquitas de pus sino la posibilidad de no poder correr ese Domingo. Pero lo más gracioso de todo es que inicialmente yo estaba inscrito para ese día en la Media de Córdoba, con el hotel reservado y los peques casi empaquetados para correr en la ciudad de la Mezquita. ¿qué pasó entonces para acabar en Lorca? Pues tras dos días con fiebre y viendo que la cosa ya era más seria y diferente al típico resfriado vírico de nariz y que el antibiótico por tanto era inevitable, cancelé el hotel y desistí de la idea de hacer un viaje de un montón de kms con la familia y bajo la lluvia. En fin, desmoralizado por lo inoportuno, a última hora Cristóbal y yo, dado que habíamos entrenado todo el plan justo para ese Domingo, decidimos una cosa: si desaparecía la fiebre nos presentaríamos en la cercana Lorca. Él desde un pueblo a media hora y yo a escasa 1h 30.

Y así hicimos. Nos plantamos en Lorca con 5ºc el suelo aún mojado de las lluvias pero con un sol radiante y dispuestos a dar guerra. Mi estrategia fue igual de agresiva que siempre: ir al ritmo de las series largas pero un poquito más revolucionado. Así que el primer diez mil lo pasé a 4' el km que para estar tomando antibiótico y 2 días antes encamando con fiebre no estaba nada mal. Iba pasado de vueltas pero sabía que llegado ese punto de la carrera había sólo dos desenlaces posibles: Desinflarme del todo y no aguantar el tipo, implicando esto acabar 3 minutos por encima del ritmo de esa primera mitad, o sea 1h 27... O luchar hasta la saciedad y perder sólo unos segundos por km, o sea 1 minuto, e irme a 1h 25.... Como imagináis, con esta capacidad de sufrimiento que tengo, opté por la segunda y al final la apuesta me salió bien. Me pegué a una de las corredoras locales, Raquel, y como luchaba por podio y la gente la aplaudía a rabiar pues fui todo el camino entretenido y motivado para aguantar la soberana paliza que le dí a mis piernas y a mi salud quebrada.

Al final 1h 25' 38", una marca que me situa con los deberes hechos de cara a darle otra vuelta de tuerca al plan de entrenamiento para poder volver a mis ritmos de estos 3 últimos años. Aunque como siempre digo, la satisfacción no está tanto en la marca como en la sensación de que has dado todo, que te has dejado la piel y que has luchado por hacerlo lo mejor. Yo ese dia en Lorca lo hice, me vacié y por eso me siento bien más allá del numerito que parece querer catalogarnos a los corredores en "buenos, menos buenos y malos"... ¡soberanas tonterias!. Todos corremos la misma distancia y todos la corremos al tope que más damos, asi que si el esfuerzo, coraje o entrega es el mismo en alguien de 1h 10 que en el de 1h 40 pues no existen diferencias. Al menos eso pienso yo. Besitos a tod@s


CarLitros dijo
Enhorabuena Barney. Es una alegría leer esta entrada. Una lástima no coincidir allí ya que estuve corriendo el maratón de San Sebastián el mismo día.
Un abrazo
8 Diciembre 2010 | 06:42 PM