Media maratón de Almería 2010: Crónica desde “el otro lado”

Podría empezar la crónica como acabé el post anterior: lamentándome por no haber participado en la principal carrera de mi tierra pero la realidad es otra. Parece que la naturaleza es sabia y el mismo infortunio que me apartó de correr me deparó una experiencia única e inolvidable: el emocionante reencuentro con la esencia que me llevó a este mundillo hace más de una década.
Nunca hubiera imaginado el dia anterior en la feria del corredor, cuando junto a Barrilete y cristobal sentía tanta penita al coger mi dorsal, que a la mañana siguiente fuera a vivir tantas situaciones emocionantes. A pesar de eso mi cuerpo siguió la misma pauta que cada vez que compito. Es como un bioritmo específico ya marcado a fuego, que te obliga a dormir, ir al baño, comer, etc., todo, todo, de la misma manera... hasta el mismo ritual al ponerme el dorsal delante del espejo, elegir la equipación. Todo parecía igual excepto que al bajar al garage no cogí el coche sino la bici de mi mujer. Primer choque: volver a subir a una bicicleta tras más de 15 años. Pensé: "Tranquilo, usaste la bici como metodo de transporte durante años, no te vas a caer". Y efectivamente, a los pocos metros ya me levantaba sobre los pedales como antaño cuando hacia rodajes de más de 100 kms o iba al hospital a hacer las prácticas. Primera buena y grata sensación: el reencuentro con la bicicleta.
Juntos forman un buen trozo de la historia del atletismo popular almeriense. Miguel, Angel y el gran Pepe Diaz en su vuelta con Juan, el necesario relevo generacional 
En pocos minutos llego al estadio y la visión de cientos de corredores calentando y no estar allí me vuelve a producir tristeza. Empiezo nervioso a saludar a compañeros, amigos, gente anónima que nos conocemos de vernos en los entrenos, en las carreras... La tensión y la concentración se palpa en sus caras. Y yo me vuelvo a poner triste. Hasta que se acerca la hora del pistoletazo. Ahí es cuando entierro la pena, realmente me doy cuenta de que no estoy detrás de la alfombra de salida y asumo mi papel de "pomponero mayor".
Mi estrategia era sencilla, al ir en bici y estar prohibido acompañar a corredores por el recorrido, elegí varios puntos de fácil comunicación donde poder ver varias veces a las mismas personas.... sobre todo mi obsesión era no perder a Barrilete y Cristóbal porque además llevaba una bolsa de avituallamientos extra con agua e isotónicos. Al final diseñé mi itinerario de tal manera que los vi la friolera de... ¡¡¡once veces!!!

¿Qué contaros? Lo que pasó entonces fue el fiel reflejo de la misma actitud con la que afronto las carreras. La misma pasión, la misma entrega con la que me vacio en cada carrera, se traslado a mi garganta y allí me vi superemocionado, gritando a mansalva, aplaudiendo a rabiar hasta no sentir las manos. Trasladándome de un sitio a otro y volviendo a gritar a los mismos. Al principio premiando con mis aplausos el esfuerzo de los primeros kms cuando las caras aún podían incluso hacer amago de sonrisas; pero poco a poco siendo testigo de la dura huella que dejan los kilómetros en todo el cuerpo.
Barrilete y Cristobal hacia La Rambla.... Emocionante ver a Cristobal de liebre y el esfuerzo de Antonio
Y ver todo este panorama desde fuera, me dio otra dimensión más de lo que sufrimos en las carreras y por tanto de hasta dónde puede llegar nuestro sacrificio y espíritu de superación. Rostros desencajados, respiraciones jadeantes, el ruido del dolor personal en cada pisada, y una constante: Nadie desiste en su esfuerzo en conseguir su objetivo. Da igual que vayas en la cabeza de carrera que en la cola. Todos luchan de la misma manera contra sus propios límites, contra su dolor, con todas sus fuerzas. Por eso es absurdo medir la grandeza de un corredor por su marca. Y tonto creer que en este mundillo caben las clasificaciones tipo "mejores y peores". Al menos eso pienso yo. Además, en ese momento me sentí afortunado de haber decidido un día empezar a correr y de pertenecer a este mundillo de "superhéroes cotidianos" cada vez más numeroso. Porque eso es lo que somos "superhombres y supermujeres".
Juan y Angel (de azul): Ambos me dieron una de las mayores alegrias por la increible carrera que hicieron y sobre todo porque Juan ha pasado un calvario de lesiones de las "de verdad" con quirofanos incluidos y verlo allí otra vez "volando" sub 1h 30 fue un premio a su tesón y sacrificio. 
Así que me podéis imaginar hacia la mitad de la prueba, muy emocionado, aplaudiendo a rabiar, intentando aupar y empujar con mis gritos a todo el que pudiera; personalizando las frases que decía a la gente; daba igual conocido que desconocido porque cada uno tenía su propia frase. Pero si tuviera que deciros las dos palabras que más salieron de mi boca os diría dos que sobresalieron sobre las demás: "Valientes" y "¡podéis!". Y aunque de todos notabas agradecimiento, resaltaba especialmente la emoción en los ojos de aquellos que era su primera vez y que se aventuraban a un mundo desconocido e incierto a partir del ecuador. Empapado de ese sentimiento reviví las mismas sensaciones que me marcaron de aquella primera Media del 99, en la que arrastré mi orondo cuerpo en 2h 12 llegando el último de la clasificación masculina. Yo llegué ese día a meta sencillamente porque en los muchos momentos en los que sentí que nunca lo lograría, el público y los compañeros corredores me hicieron creer lo contrario. Ese "¡Puedo!" se me tan quedó marcado para siempre que ya van más de 30 medias, 4 maratones y multitud de carreras cortas.
Barrilete y Cristobal en la Avenida del Mediterraneo.... Cristobal certifica su adios a la lesión y su vuelta al ruedo. Echo de menos los entrenos conjuntos con esta gran persona.
Volviendo a la carrera y para finalizar: Mi último punto de esta aventura, tras animar en el fatídico km 19 y vaciar mi mochila del agua que llevaba, se situaba a 400 metros de meta: En la bajada del foso que entra al estadio. Era un lugar para la felicidad. Por tanto allí fue extremadamente gratificante ver como esos mismos que animé durante la carrera, tanto los más rápidos como los del furgón de cola, tornaban el rostro de sufrimiento a alegría. Allí les animaba a que disfrutaran de su premio. Que saborearan su hazaña desde esa misma bajada. El "¡puedes!" se había vuelto realidad y ya tan sólo había que correr esos 300 metros de gloria en ese maravilloso estadio que tenemos. Mirando los gestos de las caras podías adivinar fácilmente quién vivía eso por primera vez y quién no. Ese brillo especial de los novatos finalmente justificó de sobra haber vivido esta experiencia desde "el otro lado" además de trasladarme a mis origenes. Y aunque no tenía duda, con lo vivido el domingo pasado ahora ya sé que nunca dejaré de correr. Felicidades a todos.


Aquí teneis la llegada de tres de los compañeros que más admiro. Antonio (de rojo), con un margen de mejora que comprueba cada nueva carrera que hace. Juan, sabio de este mundillo, certero en sus consejos y predicciones y siempre positivo; Y ángel, incombustible y fiel amigo. Un lujo compartir con ellos no sólo kilometros.



Ana dijo
Eres grande, Roberto. Ten cuidado, que sólo falta que mientras te recuperas de tu lesión te echas a nadar un poquito y... ¡ya tenemos triatleta!
Enhorabuena a los premiados. Y a ti te deseo una pronta recuperación. ¡Que ya tenemos Mapoma encima, como quien dice!
6 Febrero 2010 | 09:43 AM