Mapoma 2009: Emoción, incertidumbre y épica a altas dosis en una carrera inolvidable

Si hay algo que tengo claro es que la Maratón extiende sus largas ramas mucho más allá de lo deportivo. Y es que cuando corres los 42 kms no estás haciendo simplemente una carrera sino que estás viviendo una aventura llena de dudas, incertidumbres y emociones al límite. No en vano, correr una maratón es como emprender un largo viaje hacia el interior de uno mismo con parada incluida en los infiernos. De este viaje siempre vuelves cambiado porque cuando cruzas la meta ya no eres el mismo que 3 o 4 horas antes. Eres una persona mucho más fuerte, más sabia y marcada por una experiencia vital única e indescriptible. Tan indescriptible que todo aquel que no haya corrido nunca y lea estas líneas puede estar tentado de pensar que se me ha ido la cabeza o cosas por el estilo. Pero estoy seguro de que los que corréis y sobre todo, los que sois maratonianos sabéis muy bien de que hablo.
He esperado una semana para digerir las sensaciones y sentimientos que viví el domingo pasado. Además de hacerme en la red de una buena colección de fotos que inmortalicen estos momentos. No sé por dónde empezar... Quizás diciendo que mi cuarta maratón es la carrera más atípica, rara, sufrida y querida que he hecho hasta ahora. Cuando todo a priori parecía de cara: un estado de forma muy bueno, peso ideal y un clima de ensueño para mi, de repente el signo de mi suerte cambio drásticamente pocos minutos antes de salir. Un asombrado Cristóbal me preguntaba a escasos 50 minutos del comienzo: "¿Quieres mi chaqueta?". Y es que no era normal que yo, que presumo de ser el corredor de mi club que rinde más y mejor en clima frio, estuviera con 4 capas de ropa y literalmente tiritando. Aquello fue el preludio de lo que viviría poco después subiendo La Castellana con esos 4º y empapado.
En la primera hora de carrera nadie nos salvó de la lluvia, granizo ocasional y el permanente viento polar que sentaba muy bien en la camiseta empapada ;)
Aliviado semanas antes de la presión de tener que hacer marca sub 3h y sin más objetivo que sobrevivir a la carrera a mi ritmo natural en ese tipo de terreno con desnivel (3h 06-3h 12), me situé taponado atrás como muestra de mi voluntad de no sacar cuchillos ese día. Pero me situé tan atrás, que en los 3 primeros kms me resultó imposible adelantar con comodidad. Aunque a los 20 minutos ese dejó de ser un problema en comparación con lo que se me vino encima: un dolor agudo y progresivo en la pierna que no era normal. Era parecido a cuando llevas 2 horas corriendo y sentía la pierna como dormida y abotargada, encogida por el frio. Una sensación muy parecida a la previa a los calambres, como encogimiento muscular o algo así. Nunca jamás me había pasado algo así en los miles de kms que llevo corridos en mi vida excepto en los kms finales de los 3 maratones que había hecho y que acabé con calambres hasta en las pestañas. El caso es que no le dí mayor importancia y pensé que era de llevarla mojada y del viento frio y que ya se calentaría. Craso error porque aquello fue a peor y no me lo podía creer. Deciros que todo eso no me evitó disfrutar esa primera fase tan bonita del Maratón y emocionarme con las primeras calles llenas de público jaleándonos sin parar.
Allá por el km17, tan preocupado y molesto estaba que me empecé a plantear seriamente abandonar por primera vez en mi vida una carrera. Fue en ese momento donde tomé la siguiente decisión: "seguiré corriendo mientras pueda y cuando no, haré el resto andando. He venido a terminarlo aunque sea en 4h 30". Y con esa filosofía tan ausente de agobios y con esos pensamientos tan tranquilos y lejanos de las angustias por las marcas, alcancé a Cristóbal en el km 19. Me dio una alegría inmensa verlo porque estaba afrontando su carrera con valentía para bajar de 3h 10. Por mi parte yo pasé en 1h 32 ya que la idea inicial era pasar la segunda media, que era durísima, en 1h 34 como muy rápido. Esos planes los abandoné en el km 22 cuando decidí por primera vez llamar a los patinadores del Reflex. A partir de ahí, se convirtieron en protagonistas activos de mi peregrinar, en forma de ángeles de la guarda. Unas dos veces por km me aplicaban su spray anestésico sin yo dejar de correr en ningún momento. Por cierto, no es réflex sino un producto de las fuerzas armadas mucho mejor. Aquello me aliviaba momentáneamente lo justo para poder correr sin mucha posibilidad de apretar. Asi que tras esa primera mitad a 4' 22, la segunda la tendría que hacer a mi ritmo de calentamiento (4' 45") e intentar acercarme corriendo lo máximo posible a meta porque ya daba por hecho que tendría que caminar varios kms.
Si hay alguien a quien debo recordar de manera especial en esta carrera es a esta señorita y sus compañeras. Posiblemente sin ellas y su atención cada 400 o 500 metros durante más de 20 kms no hubiera logrado ni llegar, ni esa buena marca; Además a ellas les debo el "milagro" de pasar de sentirme desafortunado y desahuciado con tan grande imprevisto a lograr este sueño y además hacer la totalidad de la prueba sin andar ni un sólo metro. ¡¡UN MILLÓN DE GRACIAS!!

Me resulta difícil transmitiros la inmensa y titánica lucha interna que viví en esa hora previa al muro. Sentía que nunca había vivido tanta mala suerte y pensaba que eso me tenía que haber pasado a partir del 35 y no desde el km 5. El guión no era de mi agrado pero estaba decidido a echarle muuuuuuucho coraje, más que nunca y os aseguro que soy de los duros, de esos que sufren en las carreras hasta el infinito y más allá. Así que fui avanzando, maldiciendo dolorido mi mala suerte casi a cada paso pero a la vez disfrutando emocionado del aliento del increíble público de Madrid. Así me lancé a por el muro con pocas esperanzas de superarlo. Aunque lo que yo no sabía era que el hecho de ir a un ritmo más "cómodo" se iba a poner de mi parte al final.
Efectivamente, fue llegar al 35 y empezar a notar un subidón como nunca. Y es que había llegado más lejos de lo que podía imaginar y sufriendo como nunca. Cada 500 metros llamaba a algún patinador... alternaba los apoyos de las piernas para aliviarme... Había pasado ya muchas penurias y me acercaba a meta. Aquello me dio alas... además, a los momentos excitantes de los km previos y posteriores a Sol, ahora se le sumaba quizás el más vibrante: la salida de la casa de campo y su supercuesta interminable del 6% de Alto de Extremadura. Aquello parecía la subida al Anglirú. Esos fueron sin duda mis minutos más emocionantes en carrera. Sólo cabíamos dos corredores hombro con hombro y a pesar de ser la cuarta maratón, nunca jamás había oído tantos decibelios de gritos de ánimos ni tantos mensajes dados con tanta pasión. En esa zona, la gente agolpada en bastante número te gritaba al oído... a mi, al que acababa de pasar antes que yo, al que iba detrás y así a miles durante varias horas. Lo recuerdo y me emociono. Esta gente te premiaba a lo grande el esfuerzo de quizás la más empinada de las cuestas de todo el trazado. Los gritos de "valientes" se oían con fuerza. Así que otro nudo en la garganta, ojos llorosos y repitiéndome a mi mismo cuánto se le debe a esta gente. Ellos le dan gran parte del sentido a tanto sufrimiento.
Esta cuesta en pleno km 35 supuso la inyección moral que me llevaría a meta. En un momento muy delicado fue muy emocionante y directo al corazón el cartel gigante del público con el siguiente lema: " PATEA EL MURO"... y eso hicimos gracias a ellos en gran parte. sin esa efusividad al animar característica de los madrileños esto no sería tan espectacular.
Y a partir de ahí comienza la épica del Maratón, la parte que se escribe con letras grandes. La parte en la que los corredores empiezan a bajar a los infiernos, a coquetear con la línea que separa lo normal de lo que te desborda física y mentalmente; La parte en la que se empiezan a suceder gestos solidarios entre los participantes: todos comparten los avituallamientos con todos; las palabras de ánimo desde dentro son constantes y muchas más cosas. Es como si la dureza del reto nos uniera a todos. Se vive y palpa el respeto de unos a otros en unos minutos mágicos. Siempre se dice que a partir de aquí es cuando se acaba el "calentamiento" y empieza la Maratón. ¡Cuánta verdad! Y precisamente ahí es cuando mi sueño roto de manera imprevista, se vuelve a construir casi igual de inesperadamente que se rompió. Paso el km 35 y me gritan unas chavalas como locas agitando su pancarta gigante: "¡¡ Patea el Muro!!". Les sonrío, les doy las gracias emocionado y ahora ya tengo claro que esta carrera ya no me la quita nadie... "Eso voy a hacer: Patear el Muro"
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Cerca de la llegada el subidón que tienes si has logrado superar el Muro, apaga los dolores, el cansancio y cualquier pensamiento negativo

Poner los 5 kms finales de una maratón en cuesta arriba continua es una putada pero cuando consigues subirlos a ritmo (4' 50") tras 37 kms de penurias inesperadas y medio cojo con más de 25 aplicaciones de Reflex, sólo puedes sentirte una cosa: un superhombre. Y así me sentí... Al pasar por Atocha no podía contener mi emoción... me apetecía correr y apretar hasta meta, pero a cada intento los amagos de calambres me llamaban al orden. En el km 40 me alegré como nunca de volver a ver la figura de Cristóbal e intenté al pasarlo que se enganchara conmigo. Durante los segundos que me acercaba por detrás hasta él, soñé muy ilusionado con entrar juntos por el Retiro. Sería el colofón a tantas horas juntos de entrenos. Pero Cristóbal estaba empezando a verle la cara al tío del Mazo y no pudo seguirme por esa nueva llegada al Parque, que no es "más suave" sino "menos dura", que es algo distinto.
Parque del Retiro: Nadie me quita la alegría ni la certeza de que "esto ya está hecho". Y esa misma frase se la repito a muchos de los casi 100 corredores que paso en estos 4 últimos kms. Es nuestro momento de gloria y hay que disfrutarlo.

Nada más entrar al Retiro, me puse a saborear cada metro. Me iba riendo de felicidad plena porque no podía creer cómo leches había llegado hasta allí sin andar ni un metro, Tal y como se me habían presentado las circunstancias desde el inicio. Además parecía broma que la única vez que no he sufrido calambres en una Maratón fuera precisamente en esa, en la que la pierna me amenazaba con ello cada 300 metros.
El rostro de un maratoniano al cruzar la meta lo expresa todo. Tras cada una de esas caras hay historias asombrosas de superación, de lucha contra la adversidad pero siempre, sobre todo, una felicidad honda muy dificil de describir.


Y en ese momento tan mágico, tan trascendental, no se le ocurren otra cosa a mis huevos que salirse a lo Butragueño por el lado del pantalón. Y es que el último plastón de vaselina que le cogí a un voluntario hizo de pegamento del pantalón y aquello quedó al aire para delicia de fotógrafos del zapping. Lo peor no es eso, sino que cuando los que entraron conmigo a meta pidan sus fotos oficiales va a ser divertido ver "al tio de al lado con los huevos fuera", o sea, yo.
Aquí está el "momento estelar": Huevos fuera sobre todo en la llegada y algun que otro metro de los 3 últimos kms :)

En fin , como veis... todo de principio a fin fue atípico, a veces surrealista y muy impredecible. Como suelen ser las Maratones. Pero también son grandiosas historias de superación y, por supuesto, esta ha sido de toda mi vida deportiva la carrera de la que más orgulloso me siento. Nunca antes había manejado una situación tan adversa ni la había resuelto de esta manera, con tanto coraje y tanta tolerancia a un sufrimiento excesivamente temprano. Más allá de marcas, que en Madrid es buena (3h 11), me quedo con la enorme satisfacción y orgullo que siento. Y además me llevo en "la saca" miles de detalles, imágenes, sensaciones que me golpearon con fuerza... y, claro, me siento diferente. He vivido una experiencia única que sin duda me hace afrontar el día a día con esos exclusivos ojos con los que sólo un maratoniano mira de frente a la vida. Unos ojos que no ven adversidad insalvable. Saludos a tod@s.
Pocos carteles encierran tanta magia como este. ¡¡Ya van cuatro!!
Con Pablo, Hita y mis anhelados Calamares aún con la medalla "caliente". Abajo junto a Javier 
Horas antes con "Carlitros" en la zona de salida el dia en que tocó la gloria en el circuito más difícil. Hay que quitarse el sombrero ante su hazaña que no será la última
Comida del dia antes con Cristobal, su encantadora hermana Lola, Luis y Nuria
Autoretrato en el tren de vuelta con la prueba palpable y recuerdo de una aventura inolvidable

Cada vez me gusta más el tren: Puedes leer, escuchar música, ver peliculas, pensar y gozar del paisaje dando al cuerpo y la mente un relax que nada tiene que ver con la tensión continua de la carretera
Ponerse delante de este toro no es nada comparado con lo vivido en este Mapoma


Paco dijo
Ha tardado en llegar la crónica...pero ha merecido la pena! esta hecho un campeón, la marca es buena porque ese maratón es mucho maratón! debiste robarle los patines a uno de los del reflex...jajaja. Me quito el sombrero. Campeon! enhorabuena crak!!!!
3 Mayo 2009 | 02:45 PM