Playas de San José: mi pequeño paraiso natural
Desde que empecé a tener cierta autonomía en la adolescencia, siempre he tenido el impulso o necesidad de salir al encuentro de la naturaleza con cierta frecuencia. Y es que la madre tierra ejerce para mi como un poderoso cargador de energía vital; Asi que gracias a ella puedo sentirme vivo y con ganas de aguantar este ritmo loco que impone la vida. En este instante, mientras escribo esto, no puedo evitar el recuerdo de mi padre, con seguridad culpable de esta capacidad o facilidad de maravillarse con lo natural. Recuerdo un dia que nos llevó a los 3 hermanos mayores (los otros aún no habían nacido) a la Rambla a la altura del instituto Celias Viñas. Conforme nos acercabamos nos comentó que nos iba a presentar a un amigo. Llegado el momento se paró delante de un gran árbol y nos presentó al que compartió con él muchos momentos desde que era niño: un, entonces enorme para mi, árbol. En aquel momento las palabras de mi padre contando como había conocido a su “amigo” y como jugaba con sus raices bajo tierra a través de un viejo tunel, me fascinaron. Era la época en la que mi mente vivía contínuas aventuras imaginarias influidas entre otras cosas por los literarios “Los Cinco” de Enyd Blyton. Asi que imaginar a mi padre arrastrándose un montón de metros bajo tierra me impactó y me sedujo. De aquel día hay una vieja foto que espero encontrar para que la veais. Hoy en dia, mi padre no está, pero su viejo amigo goza de una salud envidiable. A veces me paro a “charlar en silencio” con él, cerca de su tronco, mirando sus hojas hoy más frondosas y sonrio con esa media sonrisa heredada; pero lo verdaderamente bueno, es que también sonrie mi alma y me siento feliz. Por supuesto, ahora que yo soy padre podeis imaginar que ya he presentado el “amigo del abuelo” a mis peques. En fin, volviendo al hilo central y estando medianamente claro que mi padre fué el que me inculcó valores suficientes para querer a los árboles, las montañas, los rios, etc., os quería hablar de una parte del parque natural de Cabo de Gata: el entorno de San José.

Lejos de dar una charla técnica con interminables listas de nombres de playas, lo único que pretendo es hablar desde el corazón e intentar captar vuestra atención para invitaros a que conozcais este maravilloso lugar. San José es un pueblo que aunque desgraciadamente ha sufrido la especulación urbanística, aún no está del todo perdido aunque falta poco. Y lo más importante es que aún no predomina lo urbano sobre lo natural. Con lo que el entorno más inmediato sigue siendo casi virgen. Precisamente la abundancia de esas playas virgenes, esa cantidad de calas escondidas y de “difícil” acceso y ese paisaje volcánico de lava solidificada, es uno de los motivos por los que me enamoró esta zona del parque natural. Mi vida, mis grandes aventuras, mi inspiración, mis alegrías y también mis tristezas, casi siempre se han desarrollado en estos escenarios. Monsul, Genoveses, Barronal, Cala principe, etc, son testigos mudos de cientos de momentos apasionantes desde mi adolescencia hasta hoy. Es por eso por lo que cuando me vaya de este mundo quedarán mis cenizas esparcidas desde la Duna de Monsul (cuidadín al bañaros que estaré yo por ahí ja ja ja).
Otra vez Monsul: un enorme y atractivo poema de la madre naturaleza. Aquí podeis verla casi sin gente, sin huellas sobre su fina arena, sin la masificación de esos dos meses de verano en los que pierde su condición de playa virgen que, sin embargo, siguen manteniendo sus vecinas calas colindantes de más dificil acceso

San josé presenta dos caras bien diferentes: una aparece durante sólo los dos meses fuertes de verano; En esta primera cara, el pueblo sucumbe a la masificación y al turismo desbocado. Aunque gana en ambiente y tiene cierto encanto vivir sus noches “locas”, la sensación predominante durante el dia es a veces de agobio.
Vista de la playa principal del pueblo, la más pegada al paseo maritimo, menos encantadora que las playas virgenes y más bulliciosa por estar en pleno centro. Pero la mayoría del año es un placer pasear por ella y comprobar las caprichosas formas que esculpe el viento en la roca arenisca o ver sus cangrejitos paseando entre las rocas.

Bien diferente es el San José de los otros 10 meses restantes. Ese es el paraiso de tranquilidad del que os hablo; El pueblo se llena de personajes pintorescos, de bohemios, de artistas que buscan un lugar donde crear; de gente del norte de europa que saben reconocer la belleza de la zona y se vienen a vivir aquí; es el pueblo con cierto aire “hippie setentón”; es el San josé donde pasear a media tarde o al amanecer es un ejercicio de meditación y paz, el San josé lleno de rinconcitos encantadores; Yo aconsejo a los amantes de la playa venir en Septiembre porque aún hace buen clima y las playas ya están casi vacias; También venir en invierno a hacer senderismo es alucinante. Observar la arena de las playas sin absolutamente ninguna huella humana es un goce; sólo el viento y el mar son dueños únicos de esculpir sus formas sobre ese grano fino. Ahí sin duda te encuentras de cara con la grandiosidad de la madre tierra. Os aconsejo un paseo dejando el coche en el parking de Genoveses: Desde ahí sube un fácil camino hasta el llamado Morrón de los Genoveses. Una vez arriba desde allí se busca una senda que baja a un conjunto de calas de diferente tamaño y variopinta morfología, todas ellas comunicadas entre si aunque “independientes”... Desde ahí podeis caminar hasta las dos calas del “Barronal”... las únicas reconocidas “oficialmente” como nudistas... Estas dos calas son las previas a la cinematográfica Monsul. Desde su Duna hay unas vistas preciosas... Y ya desde Monsul hasta el cerro de la Vela Blanca con su torre vigia con siglos de antigüedad, hay un sinfín de calitas de más difícil acceso pero ideales para perderse pequeños grupos. En fin, ¿Y qué me decís los adictos a las zapatillas? Tengo unos circuitos que quitan el aliento tanto por los toboganes como por la belleza que acaricia las retinas. Espero correr con alguno de vosotros por estas zonas; Eso si, en verano no por favor.
Esta es la parte más alejada de la playa del pueblo. Al fondo de la foto se ven bastante más lejos las casitas que hay encima del puerto. 

En fin, para todo el que quiera conocer un poquito más de la zona ya sabeis mi mail. No tengo inconveniente en mandaros sugerencias, más fotos y lo que preciseis que esté en mi mano. Un abrazo a tod@s y.... ¡¡Feliz noche de San Juan!!. Que todos vuestros deseos se cumplan cuando la magia del fuego ilumine el mar bajo la mirada de las estrellas. :)
Vistas de la “playa del Hotel”, de camino hacia el extremo opuesto al puerto. Para ser una playa de la zona urbana, no está nada mal... ¿verdad?
Al final del pueblo, en dirección Cabo de Gata hay un mirador desde el que se ve el “Morrón de los Genoveses”. Tras Lucia y el tio ese tan guapo podeis ver el famoso "Morrón". Atravesando esa montañita por un pequeño sendero casi oculto, comienzan varios kms de playas virgenes, a cuál más bella, así hasta llegar casi a Monsul. Os aconsejo que las visiteis.


Luisa dijo
Hola Roberto, qué envidia me das. Sí, yo también he visistado San José y los Genoveses, pero en pleno mes de agosto. Una locura!!!! Qué espanto, de dónde sale tanta gente. Ya tengo ganas de volver y naturalmente como tú dices en otra época del año. A ver si es posible, viéndolo desde la pantalla del ordenador, me imagino allí, oliendo el mar, pisando la arena, sumergiéndome en sus aguas, uff! repito, cómo os envidio.
Este agosto, queremos escaparnos a la playa unos días, ni mucho menos a un lugar tan sublime como ése, pero también situado en la provincia almeriense, se trata de Almerimar, no sé si estará bien si no tanto, pero me han comentado que es tranquilo para ir con la pequeña, en plan familiar. Quizás tú puedas darme información adicional. Te lo agradecería.
Tú hablas de coger zapatillas para los amantes del saber correr y yo también, aunque yo me aficioné al taichi, y ahora me imagino frente al mar, en un lugar poco concurrido practicando esta técnica milenaria, que tanta serenidad me ha proporcionado en estos meses de angustia, miedo e incertidumbre.
Cuando un ser cercano por determinados motivos pierde el sentido de la realidad y entra en un mundo desconocido para los que estamos a su lado y que formamos parte de su cotidianidad. Cuando un maldito brote psicótico trastorna la estabilidad de una familia, cuando ves amenazada tu vida y la de tu ser más querido, el mundo se derrumba sin que apenas puedas hacer otra cosa que huir.
Hoy, cuando ya han pasado 7 meses de ello, con secuelas imborrables, me siento con fuerzas de contar algo, quizá sienta la necesidad de contarlo para que salga de mí tanto miedo acumulado.
En fin, qué pesaíta me he puesto :) Un besazo.
Ah! por cierto tus hijos estupendos y hechos unos bichillos, como una que yo me sé y que es el motor de mi vida.
24 Junio 2008 | 12:55 AM